lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Recuerdas aquella ilusión?

¿Quién no, al detenerse en mitad de una senda, ha parado a pensar en todo lo ya recorrido? ¿Quién no, agotado tras un duro trecho, mira hacia detrás para animarse a continuar diciéndose a si mismo: “Tú puedes, ¡vamos! mira todo lo que ya has andado, ¡mira todas las dificultades que has superado para llegar hasta aquí!”
...
“¿Que te sientes cansado? ¡Vamos! ¿Qué tipo de respuesta es esa?¿Recuerdas la ilusión que tenías al empezar el recorrido? Las ganas de continuar, el ímpetu por superar todo lo que viniese...¿Te acuerdas cuando pensabas que caer y no levantarse indicaba una falta de motivación?¿Dónde queda todo eso ahora? Quién te ha visto y quien te ve... Ahora, sopla en viento con un poco más de fuerza y ¿Qué ocurre?”
“¿Que muchos de tus acompañantes ya te sacan buen trecho? ¿Y? Eso no implica que tú no puedas seguir hacia delante; que desde la distancia te vean pequeña, no implica que tú lo seas. De sobras sabes que puedes hacerlo. ¿Acaso hablamos de competición? Recuerda, B, que en eso siempre hemos estado de acuerdo: Tan sólo se trata de caminos, cada transeúnte puede interpretarlos como quiera, pero tú siempre has sido de la opinión de que se trata de disfrutar de cada momento, sin perder de vista tu meta, de llegar hasta donde tú quieras y porque tú quieres hacerlo, no se trata de luchar, sino de compartir etapas. Y que si tropiezas ahora, pero consigues levantarte, si consigues que la ilusión venza la desmotivación, ten por seguro que la próxima vez que eches la vista atrás sonreirás desde lo alto al ver aquel pequeño bache que tan grande parecía. Sonreirás como hasta ahora lo habías hecho”.

B.


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